La felicidad es como la sangre

Soy una persona que se enferma mucho y pese a que me hacen análisis con frecuencia, hasta hace poco no sabía que mi tipo de sangre es cero negativo. Tener este tipo de sangre puede ser un hándicap porque solo puedes recibir donación del mismo grupo sanguíneo, sin embargo, lo bueno es que somos donadores universales y nuestra sangre está considerada la más valiosa del mundo por este motivo. ¿Qué importancia tiene todo esto? No mucha, la verdad, pero es que hace poco tuve un problema médico y mientras me atendían los doctores pensaba en que la felicidad debía ser como mi tipo de sangre, lo más valioso del mundo. Algo escaso de encontrar, pero de un valor universal y de una importancia capital. Sonreía mientras mi cabecita loca me decía que así como mi tipo de sangre no es común y es el que tengo, así mismo la felicidad es algo escaso, que quizás yo muchas veces he esquivado, pero que desde hace algunos años inunda todo mi ser. Actualmente puedo decir que vivo uno de los mejores momentos de mi vida en cuanto a estabilidad y a paz interior, así como a sentido de utilidad, aprovechamiento del tiempo y capacidad de creación. Es en esta época en la que más valoro los pequeños detalles, a la gente que quiero, la naturaleza, la literatura que tanto amo, todo lo que me circunda.

Soy feliz en un estado que no se regodea, pero es pletórico a su manera. Desde mi silencio y mi quietud, desde mi cotidianidad y mi actual estabilidad emocional. Es extraño para mí eso de decir soy feliz porque siempre he pensado que cuando decimos eso estamos siendo muy totalitarios y la verdad es que la vida no es así. La vida, siempre he pensado, está compuesta por instantes felices y otros amargos que se van sucediendo a lo largo de los días y de los años. En ese sentido la felicidad total no existiría. Sin embargo, cuando se tiene una comprensión y mayor madurez de la vida, se toman estos ratos alegres y tristes como algo natural que no modifica el concepto de felicidad. Ahora creo que se puede ser feliz y tener un mal momento, un mal día o un período triste. Porque la felicidad es como la sangre. Está dentro de nosotros. Puede que sea escasa como mi grupo sanguíneo, pero si la tenemos o creemos que la poseemos, disfrutaremos de ella, si queremos, cada amanecer de nuestra vida, porque la felicidad no es utopía ni es futuro como yo pensaba. He descubierto ahora que la felicidad es este presente y aunque conozca el fondo "gracias a mi larga raíz maestra", como diría Sylvia Plath, también he de reconocer que conozco los más bellos amaneceres y los vivo con mucha frecuencia, lo que hace que pueda decir que pese a los momentos tristes y a los vacíos propios de mi particular condición humana, soy una persona llena de luz.